sábado, 15 de mayo de 2010

¿Pericles?

Me ha gustado este párrafo de Cela Conde en el Faro de Vigo:

"Los griegos de Pericles eran unos obtusos. No sabían qué quiere decir S&P, ni lo que es el bono basura, ni cuáles son los apuros del IBEX 35. En su ignorancia, ni siquiera habían descubierto las leyes del mercado. Se limitaron a inventar las virtudes ciudadanas, el arte de la política cuando la política era un arte, el valor de la amistad y el embrión de la democracia. Pobres catetos, sin bisagras parlamentarias, comisionistas ni preclaros defensores de la corrección a ultranza. Aun no sé ni por qué razón nos acordamos de que existieron alguna vez".

martes, 11 de mayo de 2010

Ella en mayo







El demonio que Berman nos presenta en El séptimo sello es el auténtico príncipe de este mundo, capaz de amedrentar al mafioso más bragado.

Los demonios que provocan los Milagros de Nuestra Señora, escritos por Berceo, enfrentados a la Gloriosa no pasan de diablillos revoltosos, casi como de la familia. En uno de ellos nos encontramos a un hombre violento y egoísta, con méritos de sobra para ser odiado por todos sus vecinos. Cuando se muere, los diablos se abalanzan sobre él, le agarran y le arrastran de cabeza al infierno. Entonces Jesucristo se interpone en su camino y les pregunta adónde van tan deprisa. Ellos le resumen la vida nada recomendable del difunto y le demuestran que se trata de un caso perdido. Pero la muerte también está llena de sorpresas, y Berceo nos cuenta la maravillosa respuesta de Jesús:

-No os falta razón, pero se os escapa un pequeño detalle. Este pecador impresentable tenía una imagen de mi Madre en la puerta de su finca. Y siempre que entraba o salía la saludaba con unas palabricas: "Ave, santa María, que pariste al Mesías".

En cuanto los diablos oyeron el nombre de la santa Regina, dice Berceo que soltaron a su presa y se esfumaron como una neblina.

sábado, 1 de mayo de 2010

El mejor Saroyan




Homer Macauley trabaja como mensajero para una compañía de telégrafos y se convierte en testigo de la vida cotidiana de los habitantes de Ithaca, una pequeña población del valle de San Joaquín, en California, que ve como muchos de sus soldados, en plena Segunda Guerra Mundial, no regresan del frente. Cada telegrama que entrega es el nuevo anuncio de otra víctima, una ventana que se cierra en la familia del desaparecido y, a la vez, un paso más en su conocimiento del mundo y del comportamiento humano.

La comedia humana, editada por Acantilado, es la más célebre de las novelas de William Saroyan, y su historia es profunda y ligera al mismo tiempo, triste y amable, deliciosamente seductora. Suelo recomendar novelas en colegios e institutos, y ninguna gusta tanto como esta famosa obra que en su día ganó el premio Pulitzer.

domingo, 25 de abril de 2010

"Un árbol crece en Brooklyn"



Un libro conmovedor sobre los dolores y el sueño americanos, escrito hace más de medio siglo por Betty Smith, una autora que Lumen ha hecho muy bien en rescatar.


Frances Nolan, la protagonista, es una chiquilla que malvive en Brooklyn con su familia pobre, digna y muy original. Frances crece integrada en su barrio, pero disfruta con novelas que proyectan su vida más allá de la mediocre realidad diaria. Todos los protagonistas, con sus virtudes y defectos, despiertan el interés y la sonrisa del lector. Drámatica y simpática a partes iguales, la novela refleja a la perfección la vida y los sueños de miles de inmigrantes que sobrevivían a duras penas en la Nueva York de comienzos del XX.


Publicada en 1943, Un árbol crece en Brooklyn ganó el prestigioso Pulitzer, tuvo un éxito extraordinario, se convirtió en musical unos años más tarde y el director Elia Kazan escogió la historia para su primera película (en España traducida como Lazos humanos). Betty Smith (1896-1972), hija de inmigrantes alemanes, nació en Brooklyn y siempre puntualizó que la novela no era autobiográfica, sino la historia que a ella le hubiera gustado vivir.

sábado, 17 de abril de 2010

"La carretera"


The road es una extraordinaria novela llevada a la gran pantalla. Todavía no he visto la película, pero la crítica de Ana Sánchez de la Nieta me dice que es de visión obligada. Reconoce que es incómoda y desgarrada, dura como el texto de Cormac McCarthy, pero añade un motivo de peso: es de esas películas -pocas- que enseñan a vivir.

Además, me asegura que el director ha logrado una magnífica adaptación, entre otras cosas porque "mantiene intacto el espíritu de la novela: su radical dureza y su apertura a la esperanza".

Me fío de Ana porque ha sido capaz de meter la novela en una línea exacta: "un breve, seco, duro y magistral relato". Y porque me asegura que la truculencia de algunas imágenes no se lleva por delante el núcleo de la historia, "que no es otro que el radical valor de la vida humana, la desarmante belleza del cariño de un padre por su hijo, y el reflejo de la divinidad en la dignidad y en la bondad de un inocente".

viernes, 9 de abril de 2010

In memoriam




Era una niña que maduró en la Guerra Civil, a orillas del Cantábrico, en una villa donde también nacieron el cartógrafo Juan de la Cosa y el almirante Carrero.


De Santoña se fue a Santander, a titularse como enfermera en Valdecilla y a trabajar en ese célebre hospital. En sus pabellones se hizo mujer, metida de lleno en el sufrimiento humano y en las lecciones impagables de médicos, enfermos, monjas y amigas que ya nunca olvidó, porque el agradecimiento siempre tuvo buena memoria. Allí, entre las urgencias, los vendajes, los informes y las sesiones clínicas, un joven interno se fijó en ella. Si la enfermera tenía una mirada luminosa y un corazón valiente, él era sosegado y esencialmente bueno, con una declarada inclinación profesional hacia la histopatología.


Rosario Vega y Pedro Huidobro se casaron. Y se hicieron gallegos en Vigo, donde les nacieron Pedro, Carmelo, Ramón, Marcos y Charo. Ella, tan madre, tan alegre y tan reguapa. Él, con su bondad natural y un prematuro pelo blanco que confundía a sus pacientes cuando le veían con sus niños por la calle.

-Don Pedro, no sabía que tuviera usted unos nietos tan guapos...


En la calle Lope de Neira, cerca de la ría, hicieron sus primeros análisis y biopsias. Luego se trasladaron a José Antonio –ahora Urzaiz-, junto a Sonka y Cortefiel. Por fin subieron a Venezuela, frente a Maristas. Fueron los felices años 60 y 70, donde no se cansaron de ser generosos. Mis tíos cuidaron de sus padres y de sus hijos, estuvieron atentos a sus hermanos y a sus sobrinos, y trabajaron sin tregua. Para ellos no había horarios, y sí la disponibilidad constante de echar una mano, de arrimar el hombro, de dedicar mucho tiempo y dinero a quien lo necesitaba. Rosario, además de acompañar hasta el final a sus padres y a sus suegros, vio morir de cáncer a dos de sus hermanas. Iba a decir que Pedro y ella no pudieron hacer nada, pero en realidad hicieron todo excepto tirar la toalla y cruzarse de brazos. Con discreción, con elegancia y con más obras que palabras.


La medicina, la enfermería y su fibra cristiana les permitieron entender la vida como servicio, y en el servicio encontraron plenitud y alegría. Quizá por ello, sintieron la Obra de San Josemaría como su propio hogar, como una gozosa extensión de su familia. Pedro murió inesperadamente en 1984, y a Rosario le toco llevar con garbo su acompañada soledad, alegrada por el bullicio de sus 10 nietas y 3 nietos. En sus últimos años fue muy consciente de que Dios quiso acrisolarla con una enfermedad penosa, y los vivió con la misma naturalidad que tuvo en todo momento. Era un poco más joven que Delibes y estaba tocada por la misma gracia que el escritor supo destacar en su esposa: Una mujer que, con su sola presencia, aligeraba la pesadumbre de vivir. Porque así fue Rosario Vega y así la vimos reír y llorar, cantar y soñar, sufrir y rezar, amar y perdonar sin condiciones. Ahora nos deja su recuerdo imborrable, mientras descansa en paz y disfruta para siempre en el país de la Vida.

martes, 30 de marzo de 2010

"Libro de la Pasión"









Todo el libro es una maravilla.
Ibáñez Langlois lo escribe en versículo libre y posmoderno, sin signos de puntuación. Yo me tomo la libertad de prosificar esta pequeña joya:


Era el más hermoso de los hijos del hombre. Su rostro era la eternidad pasando por los rasgos de María Virgen, suavísimos, trabajados por el Espíritu Santo desde la creación del mundo.

Sus ojos eran ver a Dios, y eran un puro mirar sin límites. Cada hombre se veía a sí mismo en ese espejo de Dios errante. La frente tenía la forma exacta del firmamento. La augusta cabeza era una parábola de la infinita misericordia, y sus labios el silbido eterno del buen pastor.

Su cuello... en él sonaban los cedros del Líbano. El cabello le caía como las cascadas del Tigris y el Eúfrates. Era el cabello de la eternidad que se ve en los sueños.

Su color era de cobre oscuro y de metales no descubiertos. Los hombros estaban expresamente construidos para la cruz. El pecho era seguro como la roca de su propia Iglesia, y estaba hecho para reclinar en él la cabeza moribunda de los crucificados. Sus manos trabajadoras veían tanto como sus ojos. Sus pies eran mensajeros infatigables de su corazón. Ah, ¡quién podrá decir tanta hermosura como se muere, vertical, irreconocible, sin memoria, sobre la cruz!