martes, 10 de noviembre de 2020


Julio Llorente entrevista a José Ramón Ayllón, autor de Ética actualizada, Ed. Homo Legens, 2020 

 ¿Un nuevo libro? 
Sí y no. El año 2000 publiqué Ética razonada. Desde entonces el mundo ha cambiado bastante. Ética actualizada es una puesta a punto pedida por la ‘modernidad líquida’ en la que ahora vivimos. Si me pide un ejemplo de ese cambio le diría que, hasta hace poco, ni siquiera existían palabras como posverdad, homofobia o transgénero, que designan realidades igualmente inéditas. 

 Un libro, por tanto, para una modernidad en crisis… 
La crisis no es algo propio de nuestra época, sino de nuestra condición. El ser humano experimenta siempre –en palabras insuperables de Shakespeare- “los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne”. Y no le queda más remedio que buscar el consejo de los sabios, de los clásicos, de la buena literatura, de la filosofía, la psicología, la historia y la religión. He introducido todas esas referencias y creo que al lector le gustará ese diálogo interdisciplinar. 

 ¿Para qué lectores escribe? 
 Espero ser de alguna ayuda a profesores y estudiantes de Ética, Filosofía y Antropología. Antes de ser libro, el texto ha funcionado bien con mis alumnos de la Universidad de Montevideo. Pero está abierto a un público amplio, pues optimizar la conducta es algo que interesa a cualquiera. 

 En pocas palabras, ¿para qué sirve la ética? 
En pocas palabras y con dos metáforas: para llevar las riendas de la propia vida; para hacer con tu libertad la inversión más rentable. 

 Entonces, ¿la ética no es una utopía? 
Es una necesidad. Hace que el mundo sea más respirable. C. S. Lewis dice que nos libra de vivir como monos con pantalones. Eso, lejos de ser una meta inalcanzable es una tarea asequible. Por otra parte, dado que a nadie le regalan nada, es también un empeño esforzado, que exige remangarse todos los días. Pero ese esfuerzo es gratificante. 

 ¿Su receta para que un libro resulte interesante y entretenido? 
Pienso que la amenidad viene a ser la buena educación de un profesor, de un escritor. No es lo mismo un argumento a secas que un argumento iluminado por un buen ejemplo, condimentado con una anécdota sabrosa. He sido muy selectivo a la hora de elegir argumentos y condimentos, entre los muchos acumulados desde que empecé a estudiar estas cuestiones. Respecto al interés, la ética me parece interesante de por sí, pues trata sobre lo único más importante que la vida: el sentido de la vida.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Preparando unas clases sobre la Revolución Francesa he encontrado estos breves e interesantes vídeos de apoyo. Como es lógico, no suscribo al cien por cien el contenido y el enfoque, pues el proceso revolucionario es largo, caótico y lleno de matices. Sin ir más lejos, los mismos líderes revolucionarios acaban con frecuencia bajo la guillotina, y si parecen héroes a unos, otros piensan que son una camarilla criminal, responsable de más muertes en cinco años que la Inquisición en cinco siglos...

0. Discurso John Adams 4'

1. Indepen 13 Col Amér 11'

2. Revolución Francesa 14'  

3. Pelicula "Danton", Wajda, 3'

4. Robespierre y Danton 4’

5. La Vendée (A. Bárcena 14')

6. Napoleón en 5’

7. "Guerra y paz", Tolstoi, 5'

viernes, 19 de junio de 2020

Esencia de mujer


El feminismo es una de las grandes revoluciones de la historia. Casi todas sus pretensiones fueron apareciendo en las primeras décadas del siglo XX, en Londres y París. Chesterton las conoció recién nacidas en la capital británica, las pensó a fondo y manifestó su acuerdo o desacuerdo en numerosos artículos de prensa, así como en libros de pensamiento, debates públicos y conferencias.

Este libro ofrece una breve y selecta antología de textos sobre las principales cuestiones de la agenda feminista: la libertad y la igualdad de la mujer, su sexualidad y sus derechos, el matrimonio y el divorcio, la familia y la educación de los hijos. La postura de su autor es muy clara: si el primer feminismo conquistó para la mujer el sufragio y la igualdad, el segundo la traicionó al rechazar la maternidad, el matrimonio y la familia.

Gilbert Keith Chesterton, probablemente el periodista más brillante del siglo XX, tenía un excelente olfato para seleccionar sus temas y una argumentación genial para desarrollarlos. En tiempos desorientados, sus escritos aportan un sentido común necesario, salpicado de buen humor.
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martes, 27 de agosto de 2019

El buen profesional

En un mundo configurado en gran medida por la empresa y las relaciones laborales, se agradece el breve ensayo de David Cerdá titulado El buen profesional. 
El carácter sevillano de su autor se refleja en esas páginas simpáticas y amenas, dedicadas a quienes dan los primeros y segundos pasos en el ámbito laboral, y a sus principales cualidades: amor al trabajo, ilusión de servir a los demás, compañerismo y amistad en la empresa, orden, discreción, autoridad, prestigio... Lejos de ser un teórico, David Cerdá habla por propia experiencia y tiene el detalle de adobar su discurso con anécdotas sabrosas, con ejemplos certeros, con chistes, refranes, aforismos…  
Es cierto que el trabajo nos ata, pero también nos libera y dignifica, nos abre a otras personas, nos aleja del empobrecedor egocentrismo, nos permite una contribución esencial a la polis. Con razón nos quejamos de quienes queman contenedores, destrozan coches o dañan monumentos, pero mayor manifestación de falta de civismo es la falta de profesionalidad. Dicho en positivo: el ejercicio virtuoso de la profesión es una excelente contribución social. Sean cuales sean nuestras ideas sobre el Estado, los servicios sociales o los impuestos, si realizamos bien nuestro trabajo seremos buenos ciudadanos. Esa idea conviene tenerla clara en un mundo proclive al individualismo y al exhibicionismo, en el que tendemos a exigir demasiado a la vida y demasiado poco a nosotros mismos. Paco de Lucía explicaba brevemente la razón de su dominio de la guitarra: “Llevo desde niño practicando todos los días una media de catorce horas, y a eso en mi tierra lo llaman duende”.
El buen profesional se rodea de los mejores y hace mejores a quienes le rodean; escucha tanto como habla; conversa con gusto y con provecho; enseña y aprende. Si es jefe, el buen profesional tiene entre sus prioridades no dañar a nadie, remunerar y tratar con respeto a todos. Ser profesional es saber estar, sin confundir la espontaneidad con el excesivo desenfado y el mal gusto; es ser puntual, respetando el tiempo ajeno; es ser alegre y cortés; es cumplir lo pactado. El trato con colegas y clientes, con jefes y subordinados, requiere ajustes finos: adaptarse a quien se tiene enfrente, no caer en el paternalismo ni en la camaradería de barrio. Ese tacto especial es aplicable a la comunicación. Ya sea escribiendo o hablando, nuestra forma de dialogar y de dirigimos a los demás desvela lo que somos y determina cómo se nos percibe. Por una mala redacción se echan a perder muchos negocios.
A las personas insatisfechas, que se repiten continuamente que no trabajan en “lo suyo”, David Cerdá les recuerda que no se trata de hacer lo que aman, sino de amar lo que hacen. Deberían saber que todo trabajo es una oportunidad de servir, y eso no solo es muy bueno para los demás, sino que nos libera del pesadísimo yo. En realidad, si algo no es un servicio no merece la pena. Además, todo servicio enriquece al que lo presta. Séneca lo sintetiza en esta hermosa paradoja: “Lo que tengo es lo que he dado”.
El autor, padre de tres hijos, reconoce que muchas cualidades de una buena madre y de un buen padre coinciden con las del buen profesional, pues llevar bien un hogar es una escuela de profesionalismo. Ursula von der Leyen, primera mujer al frente de la Comisión Europea, le da la razón: “Hay empresas que prefieren a padres y madres de familia porque son cabezas más flexibles y rápidas, emocionalmente más maduras. Piense que tener cuatro hijos es dirigir una pyme”.
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martes, 18 de junio de 2019

Ideologías


Homo Legens publica "El mundo de las ideologías", un pequeño libro con las claves para entender nuestro complicado mundo. Julio Llorente entrevista a su autor, José Ramón Ayllón.


Usted es profesor de Antropología filosófica. ¿Por qué ha escrito este libro?

R. Deje que le conteste con otra pregunta: ¿entiende el mundo en el que vive?

Sinceramente, creo que no.

R. Pues ahí está el origen del libro. A esa pregunta, todos mis alumnos responden lo mismo que usted, igual que la mayor parte de la gente. Esta situación de desconcierto generalizado es típica del presente, algo que antes no pasaba.

¿Y qué está pasando ahora?

R. Imagine una cancha donde, en lugar de dos equipos que respetan unas reglas de juego, hay un montón de equipos que no se atienen a ningún reglamento y van descaradamente a lo suyo.

Eso sería un caos…

R. Exacto. Y está provocado por las ideologías, filosofías revolucionarias que ya no aspiran a comprender el mundo, sino a cambiarlo, a conquistar el poder político, cultural o económico. Como son una docena y se disputan el mismo espacio, hacen que el mundo resulte sumamente complejo e ingobernable. Quizá podamos dudar del calentamiento global, pero no podemos dudar del calentamiento ideológico que estamos soportando.

¿A qué ideologías se refiere?

R. Los primeros ideólogos fueron Rousseau, Voltaire y los enciclopedistas, que en su propuesta de cambio desencadenaron la Revolución francesa, con todas sus luces y sombras. Querían acabar con el absolutismo del Antiguo Régimen, pero impusieron la guillotina, provocaron una guerra civil, desataron las guerras napoleónicas en media Europa... Después irán surgiendo, en cascada, la masonería, el positivismo, el capitalismo, el marxismo, los nacionalismos, el evolucionismo radical, la revolución sexual, el segundo feminismo, la ideología de género, el ecologismo radical y la posverdad.

¿Qué entraría en la cuenta de resultados de las ideologías?

R. La cuenta de resultados es apabullante: un parto múltiple que da origen a todo el mundo moderno. Solo la enumeración produce asombro, pues desaparecen las monarquías absolutas y los estamentos; surgen las democracias liberales y las dictaduras comunistas; el nacionalismo provoca las invasiones napoleónicas y las guerras mundiales; la cosmovisión bíblica se sustituye por un modelo evolucionista y materialista; triunfa la revolución sexual y la cultura abortista; se impone el feminismo radical y la deconstrucción de la familia... Por todo ello –y respondo a su primera pregunta- repasar esos proyectos de ingeniería social en un libro breve, brinda al gran público una perspectiva esencial en la comprensión de la historia contemporánea y del mundo en que vivimos.
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lunes, 28 de mayo de 2018

Mayo del 68


Josemaría Carabante, autor de este breve ensayo, doctor en Filosofía del Derecho por la Complutense, profesor universitario, no se ciñe a las revueltas estudiantiles del 68. Se remonta a las causas filosóficas y sociológicas que impulsaron la protesta, y realiza un balance de sus consecuencias filosóficas, psicológicas y políticas. En realidad, no nos habla de un año, sino de un siglo: el siglo del 68.

La revuelta estudiantil de Mayo del 68, en París, escogió una retórica anarco-marxista para incriminar las instituciones democráticas y la cultura occidental. Los universitarios rechazaban en bloque la sociedad y la política del momento. Toda autoridad -estatal, familiar o docente- les parecía opresora. Toda norma -legal o moral- atentaba contra la libertad personal. Toda tradición –cultural, religiosa o artística- coartaba la autenticidad. Toda institución, en fin, parecía una camisa de fuerza.

Un año antes, al otro lado del Atlántico, los universitarios de Columbia protestaron contra el reclutamiento para Vietnam en el campus, mientras la ciudad de San Francisco se convertía en el paraíso de la contracultura con la convocatoria hippy del “verano del amor”. Se pedía libertad sexual y legalización de las drogas, vida errabunda en la naturaleza…

En todos los casos se trataba de una revolución sin programa. “Ya fuera con motivo del Vietnam, del autoritarismo o de la represión sexual, los manifestantes planteaban una enmienda a la totalidad del sistema”, sin proponer alternativa. Por contraste, al otro lado del Muro, los checoslovacos arriesgaban su vida reclamando un régimen como el que rechazaban los occidentales, y sus pretensiones eran ahogadas en la Primavera de Praga.   

¿Qué ha quedado del 68 después de medio siglo? No se hundió el sistema, pero triunfó una forma de pensar y vivir tejida con el rechazo a la tradición, el recelo ante la verdad, el deseo de autenticidad, la revolución sexual, el impulso libertario, el individualismo, el respeto acrítico a la diferencia… Nicolás Sarkozy, durante las elecciones francesas de 2007, identificó como herencia de del 68 la crisis moral de Francia, concretada en el relativismo, la erosión de la autoridad y el declive de la familia.

No parece que tal herencia sea muy positiva. Lipovetsky, presentado por Carabante como el más brillante y sagaz de los filósofos posmodernos, advierte que la pulverización de los patrones intelectuales y morales conlleva inexorablemente la más profunda apatía, la trivialidad y la indiferencia. Lo ha descrito en La era del vacío. 
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martes, 22 de mayo de 2018

El alma del mundo


Rialp apuesta por Scruton y acierta.

A Roger Scruton (1944) le apasionan el arte, la música, la filosofía, la religión, la política, la universidad, la biología, la neurociencia… Su enorme cultura le permite ser muy crítico con las modas y los tópicos intelectuales, y su brillantez oral y escrita le ha convertido en referencia intelectual obligada. 

En El alma del mundo sostiene que hay dos formas de abordar la realidad: desde la física y desde el sentido. Y argumenta que ni la ciencia, ni la música, ni la arquitectura, ni una simple sonrisa se explican por su base material. Aun cuando alcanzáramos la ciencia total de las causas, todavía necesitaríamos buscar el sentido de la vida, de la muerte y del mundo en su conjunto. Intuimos entonces un Creador, fuente de todo sentido, que ha de ser una persona con quien podamos relacionarnos. 

Más convincente nos parece Scruton cuando despeja la vía hacia Dios, y menos cuando llega a la meta, en la que tampoco se detiene mucho. Pero la fuerza y el interés de esta obra están precisamente en la bien argumentada defensa del pensamiento humanístico y de la verosimilitud de la fe, frente al craso positivismo que tantas veces se da por incontestable. Se trata de un empeño intelectual de Scruton a lo largo de muchos años. Por eso estas páginas son también una buena manera de entrar en contacto con un autor al que interesa conocer. 
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